Todo el
reino de Kinda tenían al príncipe Walid como el perfecto caballero. Gracias a
sus conocimientos y a su labia había conseguido que el reino de Kinda fuera un
lugar prospero y con armonía.
El príncipe era un poeta excelente, posiblemente el mejor del
reino.
Un día fue a pedirle a su padre, el rey, que le dejase
participar en el certamen de Ukaz. Su padre aceptó con una condición: sólo iría
si oía de la boca de un jurado que él era el mejor poeta.
Entonces el príncipe Walid organizó un certamen en Kinda cuyo
premio era una bolsa de oro.
El jurado estaría formado por cinco personas: uno venía de
Siria, otro de Persia, otro de Palmira, otro de Egipto y el quinto era el poeta
árabe al-Nabiga al-Dubyani.
Se presentaron muchos poetas y uno tras otro, los rawis, que son
los que leen la obra del poeta para que el concurso sea más anónimo, iban
recitando las casidas de sus maestros.
Al rato subió un niño, Amir ibn Hammad, a la tarima donde se
estaban recitando las casidas y empezó a recitar.
La casida constaba de tres partes, cada una más hermosa que la
anterior.
Luego le tocó el turno a Hakim, el rawi del príncipe.
Con éste, el certamen concluyó y los jueces se retiraron para
deliberar.
Cuando volvieron dijeron que la casida ganadora había sido la
recitada por Amir. El autor de la obra, Hammad ibn al-Haddad, subió al lugar
donde se sentaba el rey para recoger su premio y luego se marchó.
El príncipe quedó frustrado y Hakim le aconsejó matar a Hammad
pero Walid le dijo que quería vencerle antes, así que convocó otro certamen al
año siguiente igual al anterior.
Otra vez volvió a perder y está vez le dijo a Hakim que averiguase
donde vivía.
Mientras Hakim cumplía las ordenes, Walid fue a Hablar con
al-Nabiga al-Dubyani . Este le dijo que en sus casidas faltaba corazón.
Cuando volvió Hakim, le dijo a Walid que vivían en el oasis de
al-Lakik, que Hammad era tejedor de alfombras y que era pobre.
Al año siguiente, Walid organizó otro certamen, pero esta vez el
premio no sólo era la bolsa de oro, sino también ser el historiador real.
El certamen se celebró y volvió a perder.
El príncipe le explicó a Hammad lo que era ser historiador real
y el pobre hombre no se pudo negar por no ofender al rey.
El trabajo de historiador real consistía en organizar toda la
historia que estaba escrita en papeles y revuelta por el suelo.
La familia de Hammad se trasladó al palacio, pero no soportaban
ese ambiente, preferían vivir en el oasis, libres y el hombre les dijo que se
marcharan y que él iría a visitarles.
Pasó el tiempo...
Un día, el príncipe entró en el cuarto donde trabajaba Hammad y,
tras una charla, hicieron un trato: si Hammad ordenaba todo ese desastre y
tejía una alfombra, sería libre.
Hammad se puso a trabajar como un loco. No salía de ese cuarto,
apenas comía y ya no veía a su familia.
Al cabo de muchos años, Hammad logró ordenarlo todo, incluso
actualizó algunos documentos y escribió la historia del rey actual, y tras una
comprobación del príncipe, Hammad le recordó la alfombra que debía tejer para
ser libre y Walid le dijo que quería una alfombra que contuviese la historia
del mundo.
Hammad, desesperado, se intentó escapar pero luego regresó y
empezó a tejer.
Estaba día y noche. Un día el príncipe le visitó y Hammad no
dejó que viese su obra porque estaba incompleta.
Cada noche, Walid bajaba para verle tejer.
Una noche observó que tejía a oscuras y descubrió que se había
quedado ciego.
Otra noche decidió bajar y darlo libertad pero le encontró
yaciendo en el suelo. Se acercó a él y vio que estaba muerto pero había
terminado la alfombra.
Se quedó mirándola un rato y comenzó a marearse. Creyó que esa
alfombra no la debía ver nadie y la guardó en lugar seguro.
Al poco tiempo, el rey murió y Hakim, como quería el puesto de
visir, se inventó historias sobre el actual visir para que fuera despedido.
Pero en vez de eso, Walid desterró a Hakim.
Una noche entraron tres ladrones en el palacio y Walid intuyó
que algo iba mal, entonces bajó a la cámara donde estaba la alfombra y vio a
uno de sus guardias muerto. Entró en la cámara y pudo ver que se trataba de
Hakim, Suaid y Masrur.
Los tres ladrones dejaron inconsciente a Walid y se llevaron la
alfombra.
Cuando recobró el sentido, fue en busca de la alfombra y se
adentró en el desierto con su caballo.
Tras varios días sin comida ni agua, Walid se desplomó en el
suelo.
Al tiempo, se despertó y vio que estaba en una tienda. Salió de
ella y vio a un hombre, se acercó a él y le preguntó por su nombre. Él le
contestó que se llamaba Sayf. Walid dijo que se llamaba al-Malik al-Dillil, el
Rey Errante.
Sayf era el vándalo más buscado y el más peligroso.
Sayf le propuso a Malik que se uniese a él y Malik aceptó
pensando en que a lo mejor podría tener una nueva vida.
Al tiempo, Malik descubrió que Sayf era en realidad Amir, el
hijo Hammad, el tejedor de alfombras y le contó toda la historia.
Sayf le perdonó la vida pero sólo por esa vez y le dijo que si
volvía a verle le quitaría la vida, como hizo él con la de su padre.
Malik se fue en busca de la alfombra y llegó a una montaña por
la cual creyó que no había camino y un hombrecillo con turbante rojo que le dijo
que sí había y entonces Malik lo encontró y fue a parar a un campamento
beduino. Todas las personas de esa tribu lo acogieron muy bien.
Allí conoció a Zahra y a Hasam.
Asma le contó que su padre era tejedor de alfombras y entonces
Malik le dijo que su padre había muerto.
Después del encontronazo con el segundo de los hijos de Hammad,
decidió emprender de nuevo su camino, pero esta vez no lo hacía solo, sino que
tenía a su lado a Zahra.
Malik le contó a Zahra lo que había hecho y ella le comentó que
había llegado al campamento, un tiempo atrás, uno de los hombres que buscaba y
que llevaba la alfombra con él pero al poco el hombre se suicidó y la alfombra
se la llevó otro hombre.
Malik dijo que el hombre que se había suicidado era Masrur.
Malik y Zahra se dirigieron a una ciudad en la que encontraron a
Suaid, pero el pobre había enloquecido por culpa de esa alfombra.
La mujer de Suaid les contó lo que había sucedido, incluso que
llegó Hakim y se llevó la alfombra.
De allí se dirigieron a la ciudad en que la mujer de Suaid les
había dicho que a lo mejor tenían información sobre Hakim y su paradero.
Cuando llegaron, Malik se puso a investigar, pero no averiguó
nada.
Una noche, caminando por un callejón oscuro, Malik fue asaltado
y casi le matan pero apareció un hombre, Karim, que le salvó la vida y le llevó
a la casa de su señor.
Cuando Malik se recuperó quiso ir a ver a Zahra, pero ella se
había ido de allí.
Malik, como forma de pago, se quedó a trabajar en esa casa.
Tras un tiempo, y demostrando los estudios aprendidos en
palacio, agradó tanto al señor, que se llamaba Raschid, que se convirtieron en
socios.
Viajaban por todos lados porque Raschid era mercader.
Un día en Hegra, Malik encontró a Zahra y ella le contó que la
habían engañado y había tenido que robar para poder sobrevivir.
Malik le contó todo lo que le había sucedido y le presentó
Raschid.
Cuando Malik se puso a hablar con Raschid, descubrió que era el
tercer hijo de Hammad y Malik, sin tener más remedio, le contó la historia de
su padre y las calamidades que le hizo pasar.
Ese mismo día, Malik y Zahra, se marcharon y prosiguieron la
búsqueda.
Zahra le contó a Malik que al-A'sa, que era el que manejaba el
negocio del robo en Damasco, era quien la había engañado y quería vengarse de
él.
Los dos fueron hacia el lugar donde al-A'sa vivía y entraron.
Allí descubrieron que el que se hacía llamar al-A'sa no era ni
más ni menos que Hakim.
La alfombra había hecho que Hakim se arrancase los ojos para no
tener la necesidad de verla.
Los dos buscaron la alfombra y cuando la encontraron se fueron y
lo dejaron solo con su desgracia.
Luego Malik se separó de Zahra y se encaminó al reino de Kinda
donde volvería a guardar la alfombra para que nadie la volviese a ver ni
sufriera sus consecuencias.
Por el camino, se le aparecieron siete djinns, que eran los
dioses del desierto (o algo así), en forma de tornados y le mostraron la
sabiduría que contenía esa alfombra.
Con ella se podía ver el futuro y si la persona era de buena
intención, podía llegar a comprenderlo.
Malik asimiló toda la sabiduría de la alfombra, comprendió que
en la vida no solo hay un camino sino que hay muchos y pudo comprender por fin
por qué no debía esconderla de los ojos del mundo.
Malik caminó por el desierto hasta que se encontró con Sayf y,
cumpliendo con su palabra, le clavó la espada en el corazón.
Al poco tiempo se despertó y vio a Zahra y a los tres hermanos:
Amir, Asma y Raschid, que venían hacia él montados en camellos.
Le explicaron que lo que el había visto era uno de los posibles
caminos que podía haber tomado.
Luego, cada uno de los hermanos sacó un trozo de alfombra y le
dieron otro trozo a Malik, porque le consideraban como a un hermano más.
Al año siguiente, Malik se presentó al certamen de Ukaz y ganó,
pero cuando le preguntaron el nombre para ponerlo en su mu'allaqa, una casida
que era merecedora de ser bordada con letras de oro y colgada en los velos de
la entrada del templo de Kaaba, él dijo que no quería ni riquezas, ni gloria,
sólo había venido para cumplir un sueño. Entonces, al-Nabiga al-Dubyani, que
era el portavoz de los jueces, supo que él era Walid y sonrió contento.
Luego Malik y Zahra se fueron en un camello atravesando el
desierto y vigilados por los djinns.
Fin
REFLEXION
1-¿Cual es la principal enseñansa del libro?
2-¿Cual era el sueño adorado de walid?
3-¿Quien era Hammad ibn al-Haddad?
4-¿Walid cumple su sueño?
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